Entre el balneario Codina y Torre Simón encuentras la quietud precisa. El balneario es un lugar arraigado a la historia familiar, uno de esos sitios que respira tradición. Torre Simón es una hermosa villa de veraneo de estilo modernista, reconvertido en restaurante, que nos sorprendió con una magnífica apuesta culinaria.
Hasta Tona nos fuimos un fin de semana. Nos instalamos en el Hotel Aloha, disfrutamos de la 'vida de poble' y del trato cordial en el Hostal Montserrat, pero sobre todo de la hospitalidad del Codina y de la magnífica puesta en escena y calidad del Torre Simón.
Para el recuerdo quedan los tratamientos en el Codina, pero más ese menú de degustación que nos sorprendió a todos, por la calidad y por el precio en el restaurante Torre Simón.
Empezamos con unos cuantos platillos para picar: jamón de Jabugo, foie y salmón con tostaditas, carpaccio de atún, canalón de camagrocs, crema de boniato con mascarpone y risotto de ceps.
Para el primer plato se podía elegir entre pescado (rape alangostado con banda de hojaldre y mermelada de cebolla o castañola a la plancha con ajos confitados o queso Chaumes) o carne (solomillo a la salsa del café de París o una carrilada de Ibérico).
El postre era o bien un tiramisú o una copa de mango y frutos del bosque y espuma de yoghourt.
Los vinos elegidos fueron un Azpilicueta 2005 crianza y un Sumarroca blanc de blancs.