Pensaba en los últimos éxitos del deporte español y recordaba el destino de los técnicos y de los directivos que los han liderado. No encuentro explicación lógica. Repasemos: gana España la Eurocopa de fútbol, continúa en el cargo Angel María Villar y Luis Aragonés abandona su puesto y decide probar la pasión turca.
Demostración de la selección española de baloncesto en Pekín, donde consigue la medalla de plata, con un entrenador interino en el cargo y después de que el anterior, Pepu Hernández, tuviera que abandonar su puesto por diferencias con José Luis Sáez. Al final, Saez es reelegido en el cargo por aclamación, como Villar, Aito se colgó la medalla y fichó por Unicaja.
Gana España su tercera Copa Davis, lo hace contrapronóstico, sin Nadal y en terreno hostil. Desde hace meses, los jugadores no se hablan con el presidente, Pedro Muñoz, el capitán, Emilio Sánchez Vicario, regala la ensaladera y se va para casa.
Tres ejemplos claros de cómo no existe una relación directa entre el trabajo bien hecho y la planificación. Todo se basa en el talento, no hay explicación de que consigan títulos a pesar de las turbulencias federativas.
En año de elecciones en las federaciones olímpicas, prevalecen intereses ocultos. La FIFA parece mandar hasta en el seno del CSD y no se producen relevos en puestos estratégicos, a pesar de que la lógica señala que más allá de los dos mandatos (ocho años) el desgaste invitaría a abandonar.
En la federación de Atletismo, José María Odriozola, continuará al frente, a pesar de los discutibles resultados olímpicos; y en la de Natación, Fernando Carpena ha derrotado por un solo voto a Lluís Bestit, en una elección con tintes políticos.
Mientras los dirigentes se dediquen a perpetuarse en el cargo y las federaciones no dejen de vivir de las subvenciones públicas, sin tener que buscarse la vida con patrocinadores propios, el modelo deportivo será un fracaso, a pesar de la evidente contradicción que supone la consecución de títulos, basados más en el talento, que en una exhaustiva planificación del trabajo de base.

El montaje visto en el Imparcial.