Desconocía que la estaban siguiendo, no tenía la percepción de que cada mediodía, alguien con un teleobjetivo le seguía los pasos, hasta que empezó a recibir por correo las primeras fotos.
Se volvía loca. En cuanto asía el volante y salía de casa, no paraba de mirar hacia atrás, pero nunca descubría nada ni nadie sospechoso, hasta que empezó a atar cabos: todas las instantáneas estaban hechas desde el mismo sitio, unos metros arriba o abajo, a la izquierda o a la derecha, y prácticamente a la misma hora.
Tampoco cuadraban las fechas. Llegaban un mes y medio más tarde de que se hubiera producido el envío. En la parte inferior aparecía una foto suya, en la superior una serie de signos:
C-17 7,9 15-10-2008 14:44 48.1
08/9534-0 20-11-2008 100,00 70,00

Hasta tres veces llegó una foto parecida. Respiró hondo y se dio cuenta de todo. Sólo esperaba que acabara de una vez por todas aquella pesadilla que había empezado hacía un mes y medio.
Cada foto valía 70 euros, tenía unos pocos días para pagarla. Era una extorsión en toda la regla. ¿Cuántas fotos más llegarán? ¿Serán todas al mismo precio?

La foto es de Guso.