El Barça es tan favorito para mañana ante el Real Madrid que me da miedo. Seguramente esa es una característica principal del sentir de los culés, que históricamente hemos vivido con un complejo de inferioridad, por lo que no me gusta esa euforia desmedida que se vive en la calle, en los bares y en los medios de comunicación.
Debería ser normal pregonar a los cuatro vientos la superioridad real del Barça, máxime cuando se ha plasmado en el fútbol que se ha visto hasta ahora e, incluso, en la clasificación, pero hacer ostentación de ello, no es una buena idea para el barcelonismo; acostumbrados como estamos de despertar de golpe de bonitos sueños.
A nadie se le escapaba que en condiciones normales, jugando al fútbol, no hay dudas entre quien juega mejor, de hecho es lo que ha venido ocurriendo desde principios de temporada, pero todo el mundo intuye que estos partidos tienen poco que ver con eso. Además, el Real Madrid ha llegado una y mil veces desquiciado al Camp Nou y los buenos resultados conseguidos aquí les ha servido para relanzarse. ¿Es que alguien no recuerda lo ocurrido en las dos últimas temporadas?
El precedente que más se asemeja a la situación actual es el vivido hace dos temporadas. El Barcelona jugaba como los ángeles, era superfavorito -como ahora- a la victoria, en las porras ni una sóla opción para el rival. Al final, una expulsión de Oleguer en el minuto 44 puso patas arriba el partido. Leo Messi firmó su mejor clásico, un hattrick, e impidió que el Madrid de Capello ganara en el minuto 91.
Aquel 3-3 nos debe servir de referencia. El Barça tiene que olvidarse de pasillos y venganzas -como método motivacional puede estar muy bien- y pensar en sacar adelante el partido, no para levantar la Copa de la Liga en diciembre, sino para descartar a un rival para el final.

El gráfico es deSportyou