No acabo de entender esa fobia tecnología de la que hace gala Javier Marías, un tipo que se jacta de que hasta la fecha sólo era capaz de escribir con máquinas de escribir y de la marca Olympia, y que sin conocimiento de causa es capaz de criticar lo que desconoce, desde el teclado de ese ordenador que le dejaron hasta sus primeros pasos por el mundo desconocido de internet, al que odia.
Todo ello lo expone en "Una región ocultamente furibunda", el último artículo de la "Zona fantasma", una sarta de opiniones sobre un mundo que ignora y del que se jacta desconocer, como si convertirse en un analfabeto en nuevas tecnologías fuera una valor añadido.
Leyendo ese artículo, al que luego volveré, me ha venido a la cabeza el proceso de cambio que viviremos en los próximos meses en EFE, un cambio obligado hacia las nuevas tecnologías, al que por muchas dudas que plantee estamos abocados y que debemos asumir con buen talante, porque en el fondo nos jugamos el futuro.
EFE acometerá su paso al multimedia, sin dejar de mirar de reojo a sus orígenes, a pesar de las reticencias de muchos, entre los que me encuentro, más por desconocimiento del proceso que por la conveniencia del cambio.
Hablaba Marías de lo inútil que es la red y lo despreciables que son los blogs, sin saber que es internet y teniendo un mínimo conocimiento de lo que son los blogs. Yo no despreciaré el periodismo multimedia, pero recordaré que desde que llegué a EFE, en la primavera de 1987, hasta ahora, las cosas han sido muy diferentes, y siempre he vivido los cambios, todos los cambios, con expectación, con respeto, no con miedo.
Cuando llegué, en la redacción ya había muy pocas máquinas de escribir, yo tecleaba en un ordenador integrado (monitor y teclado en la misma pieza) con una pantalla de fósforo verde. Algunas crónicas las enviábamos directamente a los periódicos por télex, una especie de máquina enigma por lo complejo que resultaba utilizarla.
Nunca me negué a aprender cómo funcionaba un télex, como ahora intentaré disfrutar de la mejor manera editando vídeos porque entiendo que estamos en otra era de la producción periodística.
Por eso me llama la atención que Marías juegue a ser lo más al jactarse sobre su desconocimiento en cuanto a la red y los blogs, como si alguien pudiera fardar de no haber leído nunca un libro o escuchado un adagio de Albinoni.
Dice que en la red hay "demasiados (datos) que no son de fiar o estén equivocados" y compara internet con "una enciclopedia de vastedad incomparable, pero de calidad muy dudosa y variable".
Pero llega a lo absurdo cuando critica a los escritores que tienen un blog propio y le dediquen "numerosas horas de su tiempo", cuando se exponen al ruido de una gran taberna.
La comparación no deja de ser curiosa: "uno va a un bar, se sienta a una mesa y habla de lo que sea, y a continuación está expuesto a que cualquiera coja una silla y le suelte a su vez su rollo o -con demasiada frecuencia- sus imprecaciones. O bien a esto otro: uno inicia una conversación telefónica particular, y cualquier individuo puede colarse en ella y opinar lo que le plazca o ponerle verde a uno".
Marías, en su desconocimiento, habla sin tener idea sobre lo que es la moderación de comentarios, ni que existen blogs con los comentarios desactivados, ni tampoco debe sabes que son los filtros antispam. Él debe ser feliz con su Olympia y cree que más allá del sonido metálico de las teclas y del típpex, no debe existir nada.
Alguien tendría que explicarle que sus textos, por muy bien escritos que estén, se tendrá que volver a escribir, en un ordenador para poderlos maquetar y publicarlos posteriormente. Es otra forma de entender la tecnología, como es otro periodismo diferente el que diseñaremos dentro de poco en EFE.
Rinovare o morire, no hay otra. Lo importante no es el cambio tecnológico, sino cómo van a cambiar las rutinas de trabajo, cómo nos vamos a organizar y cómo nos va a afectar en el día a día, acostumbrados como estamos a elaborar informaciones bajo un determinado patrón.
El futuro es el multimedia, seremos multimedia o no seremos, estamos de acuerdo, pero para ello se necesita una milimetrada hoja de ruta. ¿La tenemos?

EFE 2.0