Debo ser un tipo raro, no tengo problemas en admitirlo. Mientras mucha gente parece haber iniciado una desaforada competición para añadir amigos en el 'Facebook', yo empiezo a borrar contactos. No estoy dispuesto a que alguien otee mi vida, aunque sea la vida que yo quiera mostrar, por mucho que te suene la cara de tu interlocutor.

La única virtud del 'feisbuc' es como red de encuentro de 'personas conocidas' cuya pista has perdido a lo largo de los años, por ejemplo, antiguos compañeros de colegio.

Todo lo demás no es más que una gran ventana al chafarderismo, un 'voyeurismo' desmesurado con el agravante de que la información circula, de aquí a allá, sin ningún tipo de control e igual puede aparecer una inocente foto en una fiesta de disfraces, como le ocurrió hace unos días a Antonio Asensio, como descubrirte en un vídeo después de una complicada.

Aseguran que los departamentos de Recursos Humanos, antes de emitir un informe ante la posibilidad de que puedan contratarte para un eventual trabajo, peinan la red en busca de tus datos. Tu blog, tu página de flickr, tu página en linkedln o tu perfil en xing aportan mucha información, pero seguramente la imagen se distorsiona con cualquier comentario realizado o una foto graciosa colgada en el 'feisbuc'.

En el fondo, que nadie se engañe, mi limitada experiencia en el 'feisbuc' me apunta que éste sólo sirve para cotillear, para saber de unos y de otros, pero de forma velada, y la existencia del grupo: "¿Por qué me añades al Facebook si luego no me saludas por la calle?" delata esta percepción.

Mientras tanto iré descontando 'amigos'. 150, 140, 130, 120, 110, 100, 90, 85, 84, 83, 82, 81. 80...

Post: 1312.
9 de 2009.