Hace un par de días escribí para el hilo de EFE: "Los números le quitan la razón a Guardiola", una pieza en la que intentaba demostrar que por mucho que lo intente, el entrenador del Barça no puede evitar que los aficionados culés se emocionen y estén orgullosos con el juego de su equipo.
Lo único que se me ocurre para justificar su opinión es que Guardiola, culé de cuna, está acostumbrado a sufrir futbolísticamente por sistema, siempre, bajo cualquier circunstancia, y no admite la posibilidad de que, por una vez, la temporada sea un camino de rosas, porque debe considerar que ese estado catártico nunca, históricamente, va asociado a los colores blaugrana.
Es indudable que, no ya por los resultados -que también-, sino por el juego, el Barça hace disfrutar a sus seguidores y a los aficionados del fútbol en general, pero Guardiola, que las ha visto de todos los colores, se empeña en rebajar la euforia. Comprensible, pero no compartible.
Supongo que debe ser ante la posibilidad de un batacazo final, de que se lesione la mitad de la plantilla, de que se produzca un cataclismo y el equipo dejé de funcionar y él quede en entredicho. No comprendo esos miedos, cuando las cosas se han hecho bien desde el principio y los resultados están llegando.
Leo la colaboración de Sergi Pàmies en 'La Vanguardia' y sonrío, él también habla de este asunto. En su artículo: "No Diguis Blat Team" explica que mientras más Guardiola recomienda a los aficionados que dejen de mirar la clasificación, más ganas tiene de mirarla: "Me siento como un adolescente hojeando el Playboy a escondidas".
Cierto que el Barça no ha ganado ni un título, simplemente porque en enero no se decide nada, pero sí muchísima credibilidad. Se ha ganado el respeto en España y en Europa y la estima de los aficionados, propios o ajenos.
Guardiola está en el papel de echar agua al vino, pero lo que no puede hacer es reprimir ese estado de satisfacción continuada, de euforia contenida, en el que viven los culés desde hace unos meses.
Recuerda Pàmies que en los dos últimos años "cuando las cosas iban mal (o peor), nos pidieron fe, confianza y caridad", pero recuerda que ahora que "las cosas van viento en popa" la recomendación es "contención y austeridad expresiva". Habla Pàmies del absurdo que supone esta situación, pero promete cumplir la recomendación de Pep, a sabiendas de que "cualquier día de estos", pueda sufrir "una hernia emocional por retención de alegría".
En una etapa de depresión general, como la actual, no necesitamos que nadie nos vaya dando toques ante la posibilidad de que las cosas empeoren. Que el Barça juega de cine es una evidencia, Carpe Diem, Pep!

La foto es de Reuters.

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14 de 2009.