Imaginen que un presidente del Barça, uno cualquiera, hubiera dirigido una asamblea de compromisarios en la que unos pocos representantes de los socios, sólo unos pocos, no fueran ni socios de la entidad.

Imaginen por un momento, que un medio de comunicación, elijan el que les parezca, denunciara la irregularidad y acusara al presidente de haber sido partícipe del engaño, por medio de un colaborador cercano, y, además, desvelara la identidad de los impostores.

Imaginen que, puestos a investigar, hasta el nombre del colaborador saliera a la luz pública y que éste, mediante un comunicado, anunciara que nunca ha tomado iniciativa propia y siempre había actuado a instancias del presidente del club.

Llegados a este punto, nadie dudaría, al menos en Barcelona, que el presidente del Barça tendría que dimitir de inmediato y dar explicaciones creíbles sobre lo sucedido.

Los medios de comunicación, con independencia de quien hubiera encabezado la investigación, se sumarían en bloque a la denuncia, como lo han hecho en el pasado.

Ahora denle la vuelta a la situación. No hablamos del Barça, sino del Madrid y de su presidente, Ramón Calderón. Entre los falsos compromisarios hay hasta socios del Atlético de Madrid.

Los medios de comunicación van a lo suyo. Como Marca descubrió el pastel, hay otros grupos mediáticos que no parecen estar por la causa desde el primer minuto.

Cuatro no se ha prodigado en exceso, El País se ha sumado tarde y AS no le ha quedado otro remedio. La SER ha sido el refugio del presidente en los últimos días.

El 'Naningate' es la demostración que Madrid y Barcelona son mundos diferentes, concepciones diferentes de la vida y, por tanto, también del periodismo.

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16 de 2009.