No son ni vagos ni maleantes, no son de los que miran para el otro lado, se implican, luchan y resuelven, pero no tienen buena prensa. La opinión pública los identifica únicamente con un colectivo con muchas vacaciones y pocas horas de permanencia en el centro de trabajo. Estas críticas aparecen y desaparecen cíclicamente, ahora otra vez están en los medios, porque ellos, más que educadores, más que los tutores de proyectos de futuro, parece que simplemente son los encargados del aparcamiento de niños y adolescentes, desconozco si los guardias de seguridad o los encargados de abrir la barrera, intuyo que las dos cosas. El problema estriba en centrar el debate. Hablamos de cambios en el calendario escolar y todos saltan a la yugular. Aparecen los 'documentados' contertulios que opinan de todo y no saben de mucho y recuerdan el gran número de vacaciones que tienen los niños, las pocas horas lectivas existentes, y además que se trata de que los profesionales de la educación son un colectivo que cobra mucho y trabaja poco. Discursos populistas que se desmontan en cuanto aparecen comparativas con otros países. En el fondo no importa el modelo, sino la denuncia fácil: los niños, los adolescentes, tienen muchas vacaciones, los padres mucho trabajo y no se puede conciliar la vida familiar y la profesional. Eso es otra cosa, ese ya no es un problema de los maestros, esos tipos que, además, son los que acumulan más bajas por depresión. ¡Qué extraño! Escucho una frase en la radio que viene al pelo del asunto: "Los profesores representan una función ante un público que mira hacia otro lado". Eso es.

El nuevo calendario escolar en Cataluña.

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41 de 2009.