Eres un delantero solvente, uno de los nueves que los culés recordaremos siempre.  Generoso en el esfuerzo, con gran instinto goleador y una zancada de gacela. 101 goles desde que llegaste,  esta temporada, además, vas a ser el Bota de Oro europea y vas a alcanzar uno de tus objetivos largamente perseguidos. A pesar de los grandes números, nadie debe tener ni una duda: a Samuel Eto'o hay que venderlo a precio de oro a finales de temporada.

Soy de los que piensa que el Barça tenía que haberlo vendido la temporada pasada, pero después de darle puerta a Ronaldinho (gran negocio) y Deco (mejor en el Chelsea que aquí), el camerunés no tuvo salida. Guardiola hizo una labor psicológica encomiable, con él y con Rafa Márquez, y los resultados son evidentes.

Al final de la temporada, con muchos goles en su zurrón y algún que otro título colectivo, la cotización de Eto'o subirá como la espuma y habrá llegado el momento: adiós muy buenas.  Es Eto'o un jugador tan determinante en el campo como desequilibrante fuera. De todos son conocidos sus excesos verbales, esa envidia insana que le rodeaba cuando vivía a la sombra de Ronnie o de Deco, cuyo paradigma fue aquel incendio en Vilafranca.

Ahora tenemos al mejor Eto'o y hay que aprovecharse de sus goles, pero mejor amortizarlos rápidamente. En vez de plantear una renovación a la baja, como tiene previsto presentar el Barça -acaba su contrato en 2010-, Beguiristain -que también tiene un compromiso hasta entonces- debe poner al delantero en el mercado y fichar a David Villa, un jugador con un potencial similar, la misma edad y no tan resabiado.

En septiembre de 2007 planteé una cuestión similar sobre el futuro de Ronaldinho. El Barça lo vendió en junio de 2008. Ahora ha llegado el momento de tomar la decisión, con la cabeza fría, antes de que Eto'o -ojalá sea así- marque un par de goles en la final de la Champions y nos entren las dudas.

La foto es de Reuters.

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51 de 2009.