De un tirón me he leído "El Barça al descobert", el libro que ayer presentó Jordi Badia y me ha servido para reafirmarme en lo que pensaba del personaje, un periodista que perdió el respeto de la prensa deportiva desde el primer minuto, que no fue  nada dialogante y que impuso una manera de hacer en el club que le llevó a salir, literalmente, por la puerta de atrás como él mismo explica.
Mi relación con él fue complicada desde el principio. Tenía, como buena parte de mi generación, una magnífica relación con el 'Elefant' Joan Laporta, pero él fue dinamitando puentes, desconociendo lazos, sin encomendarse a nadie.
Badia, que venía del Avui donde fue subdirector con responsabilidades en el área de deportes, era un desconocido en el entorno barcelonista, un personaje poco comunicativo, oscuro y con el que me intenté entender por el bien de EFE.
Pero no fue así, porque Badia, por mucho que ahora se dé un baño de gurú comunicativo, tenía muchos prejuicios contra la Agencia, igual influido por los viejos tiempos en los que desde la presidencia del Barça se hacía de altavoz de José Luis Núñez, como todo el mundo conocía y él plasmó en 'Crónica del Nuñisme'.
En su división mental, EFE estaba al otro lado y nos lo puso complicado. Los problemas ya empezaron cuando nos dejó de lado en la presentación de "El gran repte", una importante campaña de captación de socios para la que convocó a todos los medios escritos, con excepción de las agencias de información.
Recuerdo que aquella arbitraria decisión me encendió de tal manera que, cuando supe aquella misma tarde lo que había ocurrido, tuve una áspera conversación telefónica con él. Bueno, más que una conversación fue un monólogo en el que le pedía explicaciones por lo ocurrido. Badia, al otro lado del teléfono, no tenía respuestas y musitaba algún que otro monosílabo.
Ese fue el hilo argumental de nuestra relación en todo ese tiempo, a pesar de que, por mediación de personas de su departamento, intenté algún acercamiento sin fortuna.
Como al resto de medios, llevó a cabo una política restrictiva en los pases de los partidos -nos vimos obligados a pedir como favor uno más (teníamos dos) para los partidos que el Barça jugaba en casa-, cerró el grifo de las entrevistas con los directivos y bunkerizó informativamente el club.
Relanzó los medios de comunicación propios del Barça más con el objeto de alejar a los periodistas del Camp Nou que de ayudarnos realmente en nuestro trabajo y tenía una curiosa manera de ver el periodismo y las estrategias comunicativas.
Badia es de los que piensan que es más importante la opinión que la información. Por eso valoraba únicamente el peso que tenían los contertulios que aparecen en los programas de radio y los columnistas de los periódicos y despreciaba la información pura y dura, la que se hace desde una agencia de información, a pesar de ser fundamental en el mundo global de internet con los acuerdos que EFE tiene con las agencias internacionales.
Pero a él eso poco le importaba. Estaba por 'collonades', reunía a la pléyade de contertulios y de columnistas con Laporta, a pesar de que estos desconocían el 'inside Barça' y muchos de ellos ni la tribuna de prensa o la zona de prensa del Camp Nou.
Badia fue ganando más peso en el organigrama a medida que Laporta recibía más quejas sobre él por parte de los periodistas. Trató a EFE con indiferencia, prácticamente nos ninguneó cuando requerimos la ayuda del club para entregar los premios a mejores jugadores de la Liga a Ronaldinho y Messi, pero lo peor de todo fue su no actuación antes de la final de París de 2005.
EFE, que tiene oficinas por toda Europa y en toda España, viaja muy puntualmente con el equipo, únicamente lo hacemos en rondas avanzadas de competición europea. Por aquellas fechas -y ahora también-, el RACC nos ponía mil y un problemas para viajar con el equipo, por aquello de que no éramos habituales.
En previsión de ello, advertí al club que necesitaríamos un par de plazas para volar con el 'charter' del Barça a París. Badia no movió ni un sólo dedo y sólo gracias a la habilidad de Toni Ruiz tuvimos un lugar en aquel avión.
Badia se fue del club por un cúmulo de casualidades. La espoleta final fue la publicación en 'Sport', un medio que estaba muy bien informado debido a su relación personal con Lluís Mascaró, de una información en la que se afirmaba que Laporta dimitiría de su cargo después de todos los episodios vividos tras la moción de censura y con la crisis en la junta directiva.
Aquel titular: "Laporta dimitirá el jueves" le hizo pensar al presidente del Barça que Badia trabajaba para Ferran Soriano y todo se complicó para él. El libro que ha publicado es más que un 'inside Barça', una manera de defenderse de las críticas recibidas durante todo este tiempo. Después de cinco años en el club, se ha demostrado que de puertas hacia fuera, Badia no entendió nada.