
El teléfono no paraba de sonar, siempre se repetía la misma pregunta al otro lado. Llamaban desde diferentes lugares, desde el otro lado del auricular se esperaba a una persona y una respuesta. Daba igual que insistieras en la equivocación, daba lo mismo que pidieras que rectificaran esos números que tenían equivocados, porque en el fondo lo que buscaban es que una persona les diera una respuesta. Y ahí es cuando apareció Landáburu para solucionar el problema.
Las llamadas siempre se producían a primera hora de la mañana o a mediodía. Diferentes comunicantes precisaban información, las cosas están muy serias, no se podía dar crédito a cualquiera y había que investigar exhaustivamente.
Tal era la insistencia que de nada servía repetir una y otra vez la realidad, si no eran capaces de entenderlo, habría que seguirles el juego y fue entonces cuando Landáburu apareció en escena.
Así que si Yolanda no trabajaba allí y no querían entenderlo, sí que lo hacía Landáburu. Si buscaban al encargado de hipotecas, estaban equivocados, porque desde hace unas semanas, Landáburu era el hombre que buscaban. Un nombre y una extensión inventadas, todos contentos.
- ¿Con Yolanda, por favor?
- ¿Buscas al encargado de las hipotecas?
- Sí.
- Ahora las lleva Landáburu. Te paso...
Y así hasta un bucle infinito.
La foto es tan buena que no es mía. Es del Komandante Rampas.


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