(Post dedicado)

Si encontrara el pulsador no dudaría en apretarlo y acabar de una vez por todas con este sinsentido. Se trata de volver a mi estado natural, nada de saltos en el tiempo ni en el espacio, por Dios, no estoy viviendo en la isla de Lost, aunque a veces lo parezca. No es cuestión de ponerse los manguitos día sí y día también, de calarme una visera y enfundarme una gafas de culo grueso, de situarme tras la ventanilla y esperar a que aparezca el primer cliente para proponerle, sin mediar palabra, que vuelva mañana.

- Señor, ¡Vuelva usted mañana!

Hay días, hay semanas, en las que necesitaría encontrar el botón de encendido para restaurar el sistema y devolver mi disco duro a aquellos días en los que miraba adelante y no me entraba vértigo, al contrario, en los que sólo pensaba en disfrutar cada minuto de la oportunidad que me habían dado y agradecía ser un privilegiado.

Hay semanas y días, como estos últimos, en los que no entiendes nada y tus neuronas se pierden en la búsqueda de respuestas, intentando encontrar la salida del laberinto, aún sabiendo que no la hallarás y que acabarás perdido, engullido por el sistema.

Ahora no pienso en Lost, ni en los saltos en el tiempo ni en el espacio, sino en Matrix, en la escena en la que Morpheo le muestra a Neo dos píldoras y le da a elegir entre la roja (la realidad, bienvenidos al mundo real) y la azul (una ilusión, la vida es perfecta, aunque sepas que es una apariencia).

Lo admito, tendría que regresar a mi burbuja para volver a ser feliz. Cambio la píldora azul por algo más fuerte, una ampolla azul. Adiós a los manguitos, a la ventanilla, al vuelva-usted-mañana. Descubro el pulsador, lo mantengo cinco segundos apretado. Por fin todo adquiere sentido:

Hola, me llamo Guso y yo he venido aquí a escribir.

La foto es mía.

Post 1416.

113 de 2009.