Recuerda remotamente una desvencijada plaza, castigada por un viento que cortaba la cara. El paso alterado que se detiene por el azul imposible de la puerta, los desconchones rosados en el frontal, la aldaba en el centro, el suelo adoquinado, seguramente una iglesia al frente y el uno, ese uno que me viene persiguiendo casi tanto como el azul imposible de la puerta. Mañana, iré a su reencuentro, por eso que nadie me espere por aquí, al menos, hasta el domingo.

 

 

La foto es mía.