Unos chiquillos juegan al baloncesto en torno a un poste telefónico al que han atornillado el tablero. Es un torbellino de piernas y gritos. Los zapatos deportivos, que raspan el suelo, y hacen saltar los guijarros diseminados por el callejón, parecen catapultar sus voces al aire húmedo de marzo, hacia la franja del cielo por encima de los cables...

Harry 'Conejo' Angstrom es de esos tipos que un día salió de casa a comprar tabaco y aún le esperan. El párrafo de arriba es el inicial de Corre, Conejo; la primera novela que leí de John Updike. Me encanta su prosa, me enloquece el baloncesto y me gusta esta foto que hice hace unas semanas en un lugar para perderse: Alarcón.