Nunca he escondido mi devoción por Julio Cortázar, de hecho mi primer post en este blog fue la reproducción de "La llave de la puerta de la calle", en mis primeros pinitos en La Coctelera, cuando no sabía ni lo que era un blog. Ahora leo que la próxima semana se publica en España "Papeles inesperados", una serie de textos inéditos del gran Cortázar entre los que figuran algunas historias más de cronopios.

Siempre me ha gustado el universo Cortázar, por cómo los crea, pero más por lo que puedes imaginar. En este minirelato que os dejo, el maestro argentino resume mi actual estado de ánimo, ese "no-le-quedaba-tiempo-para-nada", también me lo hago mío. A veces pienso que me hace falta una esperanza.

'Never stop the press'

Un fama trabajaba tanto en el ramo de la yerba mate que no-le-quedaba-tiempo-para-nada. Así este fama languidecía por momentos, y alzando-los-ojos-al-cielo exclamaba con frecuencia: "!Cuán sufro! !Soy víctima del trabajo, y aunque ejemplo de laboriosidad, mi-vida-es-un-martirio!".

Enterado de su congoja, una esperanza que trabajaba de mecanógraffo en el despacho del fama se permitió dirigirse al fama, diciéndole así:

- Buenas salenas fama fama. SI usted incomunicado a causa trabajo, yo solución bolsillo izquierdo saco ahora mismo.

El fama, con la amabilidad característica de su raza, frunció las cejas y estiró la mano. !Oh milagro! Entre sus dedos quedó enredado el mundo y el fama ya no tuvo motivos para quejarse de su suerte. Todas las mañanas venía la esperanza con una nueva razón de milagro y el fama, instalado en su sillón, recibia una declaración de guerra, y/o una declaración de paz, un buen crimen, y/o una declaración de paz, una vista escogida del Tirol y/o de Briloche y/o de Porto Alegre, una novedad en motores, un discurso, una foto de una actriz y/o de un actor, etc. Todo lo cual le costaba diez guitas, que no es mucha plata para comprarse el mundo.

En el fondo, que se enrede el mundo en tus dedos es la pretensión de Las Margaritas, donde puedes encontrar nuevas razones de milagro cada día, aunque a mi, muchas veces, me falte una esperanza.