
Las casualidades forman parte de nuestras vidas. El tópico revela que la realidad supera a la ficción, pero al final siempre la ficción acaba siendo la realidad, como este relato de Andrés Neuman.
Cuando alguien me pregunta porqué 'Margaritas Caprichosas', les explico que fue el título de un relato de juventud que empezaba, más o menos así: "Las margaritas siempre tienen razón. Cuando las deshojas, siempre aciertan, esperan tu pregunta y al final te responden: me quiere, no me quiere".
Neuman, del que no había leído nunca nada antes, construye bajo esta premisa y, claro, no podía dejar escapar la oportunidad. La ilustración es de César Fernández Arias.
Un minuto después, Margarita regresa con su bolso y se acurruca junto a mí. Me quiere. Abre el bolso, intento mirar qué busca, ella se aparta. No me quiere. Mi vida, me advierte, ten cuidado con los cristales del suelo. Me quiere. Saca un revólver del bolso, un revólver con el cañón muy grueso. ¡No me quiere! Me acaricia una mejilla. Me quiere. Desde mi refugio debajo de la mesa, la veo alejarse de nuevo y avanzar agachada hacia la ventana rota. No me quiere. La tela de su vestido se tensa como una piel pálida y fina. Me quiere. Se pone en pie de un salto, saca un brazo por la ventana y dispara varias veces. No me quiere. Al escuchar mi respiración entrecortada, se acerca a mí, me ayuda a salir de la mesa y dice: Ya ha pasado, cariño, ya ha pasado. Me quiere. Pero añade: Ahora tengo que irme. No me quiere. Me besa la comisura de los labios: huele a pólvora y perfume. Me quiere. Se marcha de mi casa apretando ese bolso que nunca sé qué esconde. No me quiere. Antes de abrir la puerta y salir tan veloz que parece de viento, se vuelve un instante para guiñarme un ojo verde. Me quiere. No me dice cuándo me llamará ni dónde nos veremos otra vez. Definitivamente, pienso yo, Margarita no me quiere.
El relato completo aquí.



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