Guste o no, la recalificación de los terrenos del MiniEstadi es un pelotazo, con más o menos estilo, pero un pelotazo, pero eso no es lo más importante. Desde el club se han cansado en repetir que los réditos obtenidos no irán destinados a la compra de jugadores, sino que una parte irá destinada a una compensación de terrenos en otra zona del área metropolitana. Perfecto. También nos han repetido hasta la saciedad que 46+20 no son 66 y que el Barça no se endeudará para fichar jugador, algo muy loable.

Vayamos a lo práctico. SI el Barça pretendía aprovechar las plusvalías generadas para reordenar el estadio, remodelar el Camp Nou, transformar los aledaños y construir un nuevo Palau Blaugrana, ya es tarde. El proyecto Foster (250 millones de euros) es inviable, inviable económicamente y también porque es imposible que la directiva que venga, a no ser que gane un candidato continuista -cosa que veo complicado- vaya a hacerse suyo un proyecto que no lo es.

Si se cumplen los plazos establecidos, el nuevo Camp Nou tendría que iniciarse a mediados del año próximo, pero como todo el mundo sabe, 2010 es un año electoral y no se moverá ficha.  Que el Barça se quede sin el MiniEstadi no es un drama, es una instalación infrautilizada, un lujo disponer de un pequeño estadio junto al Camp Nou. Sería preciso  empezar a utilizar los recursos en la construcción de un nuevo Palau y dejar de lado proyectos faraónicos.

Por cierto, 46+20 son 66, otra cosa es que se haya dado con la tecla adecuada para que la melodía suene bien y que al final hayan decidido comprar otro deportivo,  cambiar un Maserati por unTestarrosa y pagar una fortuna por el cambio de nombre.