No, nos esperaba Toni, Luca Toni, pero sí Giuliano Pacini, el 'alma mater' de la Buca di San Antonio y seguro que salimos ganando con el cambio. Un buen surtido de pastas artesanales, un Ebrius, elaborado con uva Sangiovese, y unas carnes de la Toscana de lo más delicioso. La calda de la ciudad medieval nos devoró, casi tanto como los ocres y ese perpetuo olor a cuero recién repujado de las múltiples tiendas de zapatos. En Lucca callejeamos, mucho más de lo que nos habíamos dedicado a esta noble labor en Pisa, nuestra primera parada del día. Pisa es la 'torre pendente' y poca cosa más, una ciudad sucia, superada por sus inclinaciones y las de los turistas que día  tras día se empeñan en empujar o aguantar a su símbolo mundial. En el fondo, todo es tan fácil como acertar con la tarjeta de crédito en la ranura correcta del cajero de la autopista y, si no, la cálida voz de Pere siempre nos avisa a lo lejos: Joder, avanti la machina!