Hemos llegado hasta la Umbría, nos hemos perdido por las pequeñas carreteras cerca de Perugia para contemplar el Lago Trasimeno. Me ha decepcionado la zona, no por la grandiosidad del mismo, sino por las posibilidades que ofrece la zona. Salvo un crucero a una isla que está en el centro y un zona de baño, el Lago Trasimeno seguro que vivió tiempos mejores. Negocios cerrados y los abiertos de una calidad discutible, como la pizzería, en la que no sirven pizzas, en la que comimos en Castiglione del Lago. Anécdotas a parte, el día nació con una excursión hasta Cortona, una ciudad fortificada, de calles empedradas y empinadas, que nos encantó por el organizado trajín que la envuelve; y concluyó con una pasauda visita a Montepulciano, otra villa de calles empinadas y empedradas y capital de una importante zona vitivinícola.