Brillante y constante. Tan reservado y distante como eficaz y responsable. Paul Auster y Enric González como escritores de cabecera y mucha tenacidad. Es de esos tipos a los que nadie les regala nada y lo que tienen se lo han ganado a pulso, una apuesta por él es como jugar al rojo, negro, al par e impar, todo en uno, imposible no acertar.
Vino para un verano y se ha quedado cuatro años. Ahora se va, aunque siempre lo tendremos cerca y espero que algún día las puertas que se le entreabrieron y ahora suenan a sus espaldas, puedan abrírsele para siempre, aunque lo veo difícil, porque periodistas como él son los que hacen falta en cualquier redacción.
Suerte, Gudari, y perdón por el almíbar.