Y a partir de entonces, todo fue como la seda, más brillante, más vistoso, letal. Ese al que habían puesto en duda, al que señalaron como el culpable de los males de su selección, demostró que rodeado de futbolistas adecuados, su categoría se multiplica al infinito y llega el éxito, y despierta de su letargo a aquellos que hasta entonces no se habían sentido capaces. En esas, apareció Leo y en media hora tuvo suficiente para revolucionar el partido y hasta Ibrahimovic lució como nunca. Ah, y también volvió Iniesta y con él el Barça.

La foto es de Reuters.