90 minutos después del primer partido trascendente de la temporada del Barça, observo tres certezas. La primera, que Samuel Eto'o necesitaba más al Barça que el equipo de Guardiola al camerunés; que menos mal que Mourinho no se convirtió en el sustituto de Rijkaard y tercero, que la Europa futbolística teme a los azulgrana y celebra un empate, aunque sea en casa.
Triste Inter ante un Barça al que le faltó profundidad. La superioridad de los azulgrana fue evidente, que pudo ganar y lo pudo hacer fácilmente frente a un rival temeroso que jugó a la defensiva y tuvo la suerte de no encajar un gol en los primeros minutos, cuando los catalanes tuvieron unas cuantas llegadas.
Eché en falta que Messi no jugará más por la banda, más cerca del  área, sino demasiado centrado y también que Andrés Iniesta no saliera antes a jugar, vista la indolencia de Thierry Henry, que jugó al trote.
Estuvo estratosférico Xavi y magnífico Piqué. Carles Puyol me despierta desconfianza, más en la primera parte que después, aunque claro en la segunda parte el Inter ya no jugó a nada.
El duelo estelar: Ibra-Eto'o no fue tal. Terminó en tablas. El sueco hizo poco, el camerunés corrió como un negro, a pesar de que ya cobra como unos cuantos blancos. Cuánto debe echar en falta Samuel a sus socios del año pasado.
¿El resultado? Lo mejor. Un empate en el campo del teórico rival cualificado del grupo, es muy bueno.

La foto es de AP.