Se trataba de ganar confianza, de recuperar al mejor Pau Gasol, de ordenar un poco al equipo, de apretar más en defensa, de atacar con más soltura. Todo lo demás vendría por sí mismo. El principal rival de España era España. Ganar por 20 en los cuartos y por 18 hoy a Grecia (82-64), después de jugar con el freno de mano puesto, demuestra que en Europa ninguna selección puede hacerle sombra a España. Mañana, si España es España, será campeona de Europa; campeona de Europa, mundial y subcampeona olímpica, algo impensable hace tan sólo una década.

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