Una falta, dos lanzadores, un ardid, un centro, un remate del gigante, un gol.
Un regate, otro más, un poco más de aceleración, una combinación, un remate con efecto, otro gol.
Un saque de esquina, un rechace, un barullo, un toque de tacón, tercer gol.
Un regate, dos regates, tres regates, una aceleración, un cambio de ritmo, un remate imposible. Otro gol.

Ese fútbol es fácil, la superioridad es aplastante, el otro equipo corre detrás del balón y da la impresión de que es un rival menor. El Barça gestiona su éxito, acelera lo justo, remata el partido y tiene a unos cuantos jugadores desequilibrantes. Todos sabemos de lo que es capaz de hacer Messi o Xavi, pero sorprende la adaptación de Ibrahimovic, cuatro partidos, cuatro goles, dos asistencias. Cuatro partidos, cuatro victorias, 14 goles a favor y... ya dos títulos.

La foto es de Reuters.