Conspiraciones al margen, Joan Laporta, el presidente del Barça, ha perdido el norte. Cada día que pasa los medios de comunicación recogen sus andanzas a lo largo y ancho de este mundo. Cada día que amanece descubrimos un nuevo episodio, más o menos conocido, más o menos novelado, de su manera de proceder.

Hoy conocemos el verdadero propósito de los informes encargados para espiar a los vicepresidentes y como todos sospechábamos, se trataba de averiguar cuestiones referentes a la vida profesional de los implicados, todo en clave electoral.

Saltas de un periódico a otro, y descubres que Laporta llamó "imbécil" al presidente de la junta de Extremadura, el culé Guillermo Fernández Vara, porque no le gustó el tono de una carta publicada por éste en 'Marca', titulada 'Querido president'.

Menos mal que Fernández Vara ha desmentido que le llamara "barcelonista de mierda" como publica hoy 'El Mundo', que es quien ha desvelado el asunto.

El fin de su relación personal con Flavia Massoli, la posterior demanda de ésta, el rumor insistente de que la brasileña ha concedido un reportaje a 'Interviu', la compra de un lujoso piso por parte del presidente del Barça y lo que dicen que se avecina para la semana que viene...

Laporta se está reinventando día a día. Alejado de buena parte de la junta directiva por una pugna electoral -él apoya a Godall o a Sala i Martín como candidatos continuistas; y el resto a Jaume Ferrer-, apura sus últimos meses como presidente batiendo récords negativos.

Parece que el presidente del Barça anda un poco perdido buscando su encaje en el nuevo papel que deberá desempeñar a partir del año que viene. Lo positivo es que el barcelonismo militante observa distante la deriva de su presidente, por suerte, lo que interesa es el fútbol y Laporta no está en la alineación titular.

Cada día que pasa, me acuerdo de una conversación que mantuve durante la campaña electoral de 2003 con un veterano periodista que asesoraba a un rival de Laporta en aquella ocasión: "Ahora todos les reís las gracias, pero a este hombre le pierde la prepotencia, echaréis en falta a Núñez". Yo, no me lo creí.

Querido president, amigo Jan. Hace meses tuviste el detalle de invitarme a presenciar el partido que nuestro Barça jugaba frente al Sporting de Lisboa en Portugal. Al empezar nos congratulamos por la cantidad de aficionados que cantaban el himno. Delante de ellos, dos banderas. Una, la del Barça, la otra, la de Extremadura.

Eran cientos de aficionados venidos de nuestra Comunidad porque jugaba su equipo. En nombre de ellos y de tantos otros culés repartidos fuera de Cataluña, te pido que no lo olvides nunca. El Barça para nosotros también es mes que un club, es un sentimiento, una emoción, parte de nuestras vidas.

Por eso somos culés, a pesar de que a veces no podamos entender ciertos mensajes excluyentes en un mundo que pierde sus fronteras y que en el fútbol las perdió hace tiempo.

La gente azulgrana sabemos lo que el Barça representa para Cataluña. No solamente lo sabemos, lo apreciamos. El Barça es de las mejores cosas que nos ha pasado. Por eso te ruego que cuando hables como presidente del Barça lo hagas sabiendo que nos representas a todos. Y no nos hagas daño. Porque el día que el Barça deje de ser tan universal como es, los que viven en la Diagonal, tendrán sólo un equipo de fútbol.

Estás siendo un excepcional presidente. Nos has hecho vivir momentos inolvidables. Pero, por favor te pido, no nos hagas daño. Seguiremos siendo del Barça, simplemente que con algunas heridas por sentirnos excluidos en los sentimientos del presidente. Con el afecto de siempre. Tus éxitos son los de todos. Visca el Barça y Visca Catalunya. Viva España también, si me lo permites. O aunque no me lo permitas.

Esta es la carta que Fernández Vara escribió en agosto pasado en Marca.