Lo ví unas cuantas veces por la antigua redacción de la Gran Vía. Con su cazadora de motero y la piel curtida en multitud de batallas, su cara es de las que te suenan, sin acertar muy bien a adivinar de quién se trata. Hasta que oí su nombre de boca de otro de las grandes cámaras de EFE, de alguno de los hermanos Pérez de Rozas.
Era don Paco, que venía a traer unas copias de alguna foto. Era don Paco, que ofrecía unas fotos de ciclismo o de motociclismo; don Paco, aquel que había enviado rollos de película por medio de paloma mensajera, quien se llevó una vespino desmontada en una maleta a Moscú y la montó para utilizarla durante los Juegos de 1980.
Francisco Alguersuari, don Paco, era una leyenda, de los pocos que puede presumir de haber recibido un collar olímpico. Don Paco vivió 90 años con intensidad, hasta pudo presumir en sus últimos meses de vida de tener un nieto pilotando un Fórmula Uno.
Con la foto de arriba a Francisco Alguersuari le premiaron con un World Press Photo Sport para desesperación de Miquel Poblet, que se quedó a tres kilómetros de ganar una etapa en los Dolomitas en el Giro de 1958.
Muy recomendable el artículo que Emilio Pérez de Rozas le dedica en El Periódico.



10 oct 2009 | 06:24 PM
Está bien el artículo de Emilio. La anécdota de la vespino es brutal. Cada vez sobresalen menos personajes con tanta inventiva. Y es que la falta de recursos agudizaba el ingenio, no?
10 oct 2009 | 06:54 PM
Ahora es todo muy fácil. Un día te contaré cómo envíamos las crónicas a los periódicos cuando era becario, no te lo creerás.
10 oct 2009 | 11:22 PM
¿cómo se enviaban? My god, I can't wait!!!!
11 oct 2009 | 12:24 AM
Aquí va el proceso. Después de tomar la crónica por teléfono y editarla. Había que enviarla mediante un teletipo a un télex, se perforaba un cinta de color amarilla, se colocaba en el el artilugio en cuestión que era este:
http://www.editorialvirtual-mapp.com/RECUERDOSNIETOS-Telex.html
donde existía un lector de cinta. Se ponían en comunicación el télex de EFE con el del periódico en cuestión, se transformaba nuevamente la cinta perforada en símbolos y lo recibía el abonado. Todo ello a una velocidad lentísima y con un lío de cinta amarilla perforada de mil demonios. El problema era cuando se rompía la cinta, eso yo no sabía arreglarlo, suerte que estaba el quiyo de la Linia...