Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece un camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del jazz. El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca, junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue.

Julio Cortázar. El perseguidor