Pues ha llegado el momento. A Pep Guardiola, el destino le ha guardado un nuevo reto, sublime por inesperado. Un triple mortal sin red, una emboscada cuando menos se lo esperaba y ha llegado el momento de volver a sacar lo mejor del equipo.
En el calendario, las fechas estaban marcadas en los últimos días de noviembre, pero no que para entonces, el equipo ya no iba a ser líder, ni en la Liga ni en Europa, ni tampoco que el Barça no supiera si podía contar con su fichaje estrella ni con su jugador de referencia.
Pero así son las cosas. De martes a domingo, dos retos mayores. Guardiola siempre responde con valentía y seguro que lo volverá a hacer, aunque a diferencia del año pasado, al equipo le falta un punto de concentración, lo que diferencia de ganar en Pamplona o en Bilbao o dejarse empatar más por errores propios que por méritos del rival.
El martes, el Inter. Seguramente con Ibra, pero sin Messi. Un partido determinante para la suerte de esta primera fase de la Liga de Campeones, una victoria imprescindible para no dejar los deberes a última hora.
El domingo, el Madrid. Seguramente con Messi y con Ibra; en una primera oportunidad para dejar las cosas como estaban antes de viajar a San Mamés y de visitar los Emiratos Árabes para cerrar la mejor temporada de la historia culé.

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