A veces todo resulta más fácil de lo que parece, pero siempre existe la posibilidad de que alguien quiera dejar su impronta. Es simple, si un negocio funciona, el modelo no tiene que cambiar, sino evolucionar.
Se trataría de darle un valor añadido, sin olvidar el sello que te ha permitido llegar hasta allí, porque estamos hablando de una marca reconocida, de esas que por sí misma vende credibilidad y fiabilidad, cuestiones imprescindibles en el negocio de la comunicación.
Está en discusión un modelo, pero sobre todo el futuro de un proyecto puntero. No se trata únicamente de llevar a la última instancia "el renovarse o morir", el "no toques, lo que funciona", ni tampoco enarbolar la bandera de que "los experimentos, mejor en casa y con gaseosa".
Me preocupa. No sólo por el aumento de los rumores de sables ni por las rebajas de sueldos que parecen avecinarse, sino porque está en juego nuestra credibilidad como periodistas. Ya no hablamos de negar la realidad y de que hay que dar un paso al frente con el periodismo multimedia, sino de ir con mucho tiento para no dar un paso en falso y caer en el abismo.
Y en esas estamos. No hay discusión posible en cuanto al fondo, pero sí en las forma. Con 2009 se acabará una forma de trabajar, esa que nos ha dado prestigio y ha servido para tener una imagen de marca. Empezará 2010 y todo son incógnitas. ¿Qué? ¿Cómo? Sólo tengo respuestas al ¿Cuándo? y al ¿Dónde?, pero no al ¿Por qué?