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Se despedirá después de 11 títulos y siete años y, aunque parezca mentira, nadie lo echará en falta. Ha tenido tantos aciertos como errores ha cometido y cuando el 30 de junio dé un portazo a su despacho de Arístides Maillol, pocos le echarán de menos. Laporta, seguramente el mejor presidente de la historia del Barça, hace tiempo que piensa en él mismo. Su ego le puede y desde hace meses, el entorno se dedica a festejar los éxitos del equipo y a ningunear al tipo que está en el centro del palco. Con Laporta, el barcelonismo se ha hecho maduro. Ya no importan los excesos de los dirigentes si desde el banquillo las cosas se hacen bien, de hecho da igual que el presidente sea más pasto de la información rosa o la política que la deportiva, porque todo el mundo sabe que tiene una fecha de caducidad. Pero es que además, por curioso que parezca, se irá y, aún dominando los mecanismos de poder de la entidad, Laporta no dejará a un delfín en su puesto, porque su candidato -Alfons Godall- no tiene carisma para sucederle. Después de casi siete años en el cargo, el presidente ha visto cómo 15 directivos se han quitado de enmedio, y entre ellos y los que siguen en el cargo pueden formar hasta cuatro candidaturas diferentes en las próximas elecciones, todo un síntoma de que en el seno del equipo directivo no todos iban a una. La última gran decisión de Laporta fue darle toda la confianza a Guardiola, el técnico que con su trabajo y sus éxitos le ha cubierto las espaldas y le ha salvado la cara, mientras él se ha dedicado a otros menesteres. Fue 2009 el año del Barça, el Barça de los chicos de Pep, el año del Triplete, del póker, del repóker y el del Barça de las Seis Copas. Será 2010 otra vez el año del Barça, da igual quien sea el próximo presidente, da lo mismo si el sucesor de Jan es Sandro, Ferran, Alfons o Jaume, porque el secreto está en el banquillo, no en el palco.

La foto es de Manu Fernández, captada durante la final de la Liga de Campeones disputada en Roma y en la que el Barça derrotó al Manchester United.