Lucieron la camiseta, el escudo en el pecho, pero el equipo que perdió en el Calderón nada tuvo que ver con el Barça. No se explica, ni la cantidad de errores cometidos durante el partido, ni la falta de concentración en un partido que ya se sabía de antemano que iba a ser complicado por la idiosincracia del Atlético. Y cayó el Barça y puede dar gracias de que cayera sólo por 2-1 después de acumular tal cantidad de despropósitos en un partido que seguramente suma todos los de la temporada hasta la fecha. Cierto que cayó lesionado Keita en el minuto 2 -tendremos serial sobre las lesiones musculares después de acumular cinco en pocos días-, pero hoy ni Guardiola estuvo clarividente con la apuesta de Jeffren como lateral derecho. La defensa no estuvo equilibrada, Busquets, muy impreciso; Xavi, desconocido; Iniesta, perdido; Messi, desaparecido; Ibra, errático y Pedro, dubitativo. El mejor fue Marc Bartra, el chaval que tuvo que jugar de salida, y Víctor Valdés, el único que mantuvo el tipo. La lectura positiva es que, a pesar del cúmulo de despropósitos, el Barça tuvo opciones hasta el final de empatar el partido. Y, aún admitiendo que nada tuvo que ver con el resultado, un par de pinceladas arbitrales. Lo que le costó a Iturralde mostrarle una tarjeta a Tiago y el clamoroso error en la cesión no señalada de Antonio López sobre De Gea. Al final, con la mitad de faltas cometidas, el Barça vio 5 tarjetas por 2 del rival, pero que nadie se preocupe, de eso no hablaremos hoy, sólo de que hay de nuevo Liga y del tópico: El Madrid depende de sí mismo para ganar el Campeonato. Pues eso, después de 22 partidos, una derrota no debe significar nada.

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