Desconocido, desconectado, desmotivado, impreciso, sin ritmo, el Barça se ha salvado por la campana ante un Stuttgart menor. Firmó el equipo de Guardiola un partido a la italiana, pero sin oficio, un ejercicio de resultadismo impropio de uno de los pocos representantes del fútbol en estado puro que queda.
Una reedición del partido del Calderón, un encuentro para la reflexión, porque el Barça ha bajado el pistón desde hace unos partidos. Los azulgrana no andan finos, fallan demasiado en el pase, no juegan con velocidad y es lógico que nos asalten las dudas.
Se nota la falta de frescura en unos cuantos futbolistas, algo que ocurrió el año pasado, aunque no fue tan acusado. También los problemas físicos, por ejemplo, en el caso de Xavi Hernández que jugó, pero no ofreció su mejor visión.
Después de la peor primera mitad en mucho tiempo, Guardiola arregló a medias la situación en la segunda. Márquez no está nada entonado, ni Busquets ni Touré enlazan bien con los de delante, Ibrahimovic sólo apareció en el gol, a Messi se le espera en los próximos partidos y sólo Valdés, Puyol y Iniesta se salvaron.
No es cuestión de preocuparse en exceso, pero sí de estar atento a cómo evoluciona el juego en los próximos partidos. La vuelta de Alves le dará equilibrio al equipo, pero claro, es que venimos de ganarlo todo.

La foto es de Reuters.