Al calor de aquella estufa de petróleo o igual era la cocina económica de mi abuela, recuerdo haber escuchado a cambio de qué consiguió Montcada disponer de un magnífico y céntrico campo de fútbol al final de la calle Doctor Buxó.

Tuvo que ver con la cesión de unos terrenos para que por el municipio pasara una autopista, poco importó en un principio que nadie negociara la posibilidad de disponer de un acceso a la misma, porque el campo de fútbol por tener, tenía hasta hierba natural y se llenaba de entusiastas seguidores que seguían los partidos de tercera división.

Esa anécdota sirve para explicar la idiosincrasia de Montcada i Reixac, el lugar donde vivo, un lugar tan cercano a Barcelona que la sufre.

Con toda probabilidad, es uno de los pueblos más mediáticos de Catalunya, presente en todos los boletines de tráfico de las emisoras de radio, donde se reseñan los atascos que soportan automovilistas, pero raramente el nivel de contaminación que se genera en el municipio.

Y es que Montcada es un 'cul de sac'. Unos 300.000 vehículos circulan cada día cerca del núcleo urbano. Dos autopistas y dos carreteras la escoltan, tres líneas férreas -ninguna de ellas soterradas-, y seis estaciones de tren repartidas por los diferentes barrios. 10 polígonos industriales y más de 2.000 empresas para 32.000 habitantes.

Durante 30 años funcionó una incineradora de basuras, clausurada en septiembre de 2004. Aquel cierre fue uno de los éxitos de la asociaciones vecinales, de los grupos de ecologistas, cuyo colofón fue el apoyo de Greenpeace.

En todo ese tiempo, aquella incineradora quemó una media de 45.000 toneladas de basura al año, pero ese bucle infinito, no acaba aquí. Montcada cierra un episodio y abre todo. Consiguió que la fábrica de pinturas Valentine fuera desplazada del núcleo urbano, pero sigue conviviendo con las molestias que genera el antiguo Asland, hoy Lafarge Asland. Situada a 200 metros del núcleo de Can Sant Joan, Asland siempre ha estado en el punto de mira.

La cementera genera residuos, no es una leyenda urbana, tan sólo hace falta ver cómo el polvo de cemento se acumula en terrazas o impregna las carrocerías de los automóviles. Pero la alarma ha ido en aumento después de que en octubre de 2007, la Generalitat permitiera que Lafarge Asland pudiera utilizar biomasa como combustible para fabricar cemento en lugar del derivado del petróleo que se utiliza en la actualidad. Y a partir de ahí, empezó una batalla entre los detractores, la empresa y la mediación de la Generalitat.

En junio de 2008, la Conselleria de Medio Ambiente concedió la Autorización Ambiental Integrada (AII) a Lafarge para adecuar la factoría al cambio de combustible fósil a biomasa, que aún está pendiente de la autorización definitiva, a causa de los diferentes recursos presentados.

El Ayuntamiento de Montcada i Reixac ha aprobado un manifiesto unánime donde se pide a la Generalitat que no permita el uso de biomasa como combustible a Lafarge hasta que no se expliquen sus efectos sobre la salud. Pero esa no es la única causa pendiente.

El próximo reto es conseguir el soterramiento de una de las líneas férreas aprovechando la remodelación de la vía por el paso del AVE. Otro frente más. Suma y sigue a los 300.000 vehículos que circulan por sus carreteras, las dos autopistas y las dos carreteras principales que la circundan, los 10 polígonos industriales, las más de 2.000 empresas existentes en el municipio y el dióxido de nitrógeno y esas malditas partículas inferiores PM10 que lo inundan todo...

La foto es de Pansy