Una empresa pierde en el último año 1,6 millones de euros. Ha reducido los gastos de todas las áreas posibles, desde el papel de oficina hasta el pago a colaboradores externos o el transporte de sus trabajadores, y no queda otra opción que recortar el sueldo a sus trabajadores.

Primero se habla de una rebaja del 8 por ciento, con la garantía de mantener el empleo durante tres años. Después de reducir los sueldos un 6,25 por ciento y trabajar exactamente la misma proporción menos. La última oferta se basa en una rebaja del 4 por ciento del sueldo, unos días más de asueto este año y mantenimiento de empleo durante 2010.

Después de tres noes, se anuncia que la única solución pasa por una reorganización del trabajo, la supresión de los turnos rotatorios y de jornadas partidas y el despido de 30 trabajadores, en una decisión puramente económica y sin tener en cuenta el modelo del negocio.

Redecorarse es una buena opción de futuro, siempre que no se renuncie a los contenidos tradicionales. Es como si un panadero, excelente en la elaboración del pan, decide dejar de lado el negocio de las barras de cuarto para centrarse en elaborar y vender casi exclusivamente cruasans.

La proporción del negocio es de 50 a 1,5. Por cada 50 euros que genera el modelo tradicional vendiendo pan, el nuevo producto -los cruasans- suponen unos beneficios de 1,5 euros, eso si el doble que el año pasado, cuando no ofertábamos la bollería.

¿Apostamos por mejorar la panadería o nos dedicamos a vender sólo cruasans? ¿Seguimos haciendo lo que sabemos y, de vez en cuando, ofrecemos alguna 'delicatessen' o directamente nos pasamos a la cocina tecnológica?