Me cansé de verlos perder. Vi su decepción y sus lágrimas en Zaragoza, París y Tel Aviv. No fue un buen comienzo para mi carrera periodística, centrada inicialmente en el baloncesto, pero me curtió. Lo difícil es lidiar cuando las cosas no ruedan, lo fácil navegar con viento a favor.
Muchos decían que aquel equipo ciclotímico, casi siempre dirigido por Aito García Reneses, alguna vez por Bozidar Maljjovic, era un reflejo de los temores de su técnico. Puede ser, no había mejor entrenador que Aito, aunque seguramente era un entrenador que no transmitía la confianza necesaria llegada la hora de la verdad.
Apartado del baloncesto, dedicado a empresas mayores, volví al mundo de los triples para presenciar cómo el Barça levantaba la Euroliga en 2003, en casa y con un equipo de lujo. El liderazgo de Bodiroga, un equipo construido para ganar y bien dirigido.
Ahora ha vuelto a llegar el momento. Diecinueve años después vuelvo a estar casi en el punto de partida, otra vez París y una semifinal de la Euroliga.
No están ni Kukoc ni Savic, tampoco Epi, ni Solozábal ni Audie Norris, es otra historia. Camina el Barça orgulloso, consciente de sus enormes posibilidades, ha dejado atrás los miedos y apunta hacia lo más alto.
En unas horas, el CSKA se habrá vuelto a cruzar en la vida del Barça. Hay buenas sensaciones en el equipo, todos son conscientes de lo que se juegan y el liderazgo de Xavi Pascual es algo digno de estudio: cómo un entrenador de la base marca la línea del éxito cuando la sombra de Messina emergía con fuerza. El estilo de Pascual me recuerda a alguien, ¿a vosotros?