Con un baloncesto exquisito, contando con mil recursos, con un entrenador brillante y una plantilla compensada. París vivió un festival del Barça, que conquistó su segunda Euroliga de la manera más plácida, mostrando el mejor juego de su historia, mejor al de aquel maravilloso equipo de los Epi, Solozábal, que mereció mejor suerte.
Este Barça nunca sabes por dónde va a salir. Sabiamente dirigidos por Xavi Pascual, su valor añadido se basa en el protagonismo de todos sus jugadores como se ha visto en estos dos partidos en París.
En el primero estuvo magnífico Mickeal en los primeros minutos, aguantó el tipo Ndong y Ricky Rubio se coronó en un gran partido ante el CSKA.
En la final, los tapones de Fran Vázquez, la casta de Sada (0 minutos ante los rusos), la calidad de Mickeal y los puntos de Juan Carlos Navarro, que salió a tiempo de su letargo.
Tiene el equipo ritmos diferentes, marchas diferentes. Jugando a ochenta puntos es imparable y sólo a pocos puntos, el rival tiene alguna ventaja, tampoco tantas, porque la defensa del Barça es la mejor de Europa.
Y todo ello gracias a Xavi Pascual y a Joan Creus. Entre ellos han construido el equipo, Xavi se encarga de mover las piezas. Este entrenador marcará una época, en realidad ya lo ha hecho. Con 37 años, ya lo ha ganado todo, y si esta temporada su equipo consigue la Liga ACB, entrará con pleno merecimiento en los libros de historia culé.
Lleva 21 años como entrenador y parece pendiente de todos los detalles. Más que un técnico es un jugador de ajedrez, se adelanta en el tiempo a las jugadas del rival y por eso juega con ventaja. Sus sistemas han hecho mejores a todos, suplió con garantías a Ilyasova y Andersen, y cuando su equipo fichó a Pete Mickeal sabía Pascual que el Barça podía hacer historia.
Después llegó Ricky Rubio, el cambio de papel en el equipo de Juan Carlos Navarro, la importancia de Fran Vázquez y de Erazem Lorbek, los triples de Morris, Basile y de Lakovic, los minutos importantes de Sada y Grimau, la lucha de Ndong, el ánimo de Trias.
Xavi Pascual, que siempre se había mirado en el espejo de Aito García Reneses, ya tiene lo que quiere. En la vida, los títulos son importantes y él presume de unos cuantos, pero como culé de cuna, Pascual sabe que ahora el Palau ya tiene un nuevo ídolo: Él. Objetivo cumplido.