Vivimos instalados en un eterno "Día de la Marmota". Por favor, que se acabe ya. Segundo debate y prácticamente el mismo escenario. Sonrío cuando los expertos señalaban como determinantes los debates electorales para la resolución electoral, pero si no son horas para ello. Me gustará ver qué 'share' hizo.
A pesar de todo, unas cuantas cosas han cambiado. Agustí Benedito se ha demostrado cómo el animador de la campaña. Propone, discute y le da brillo a un debate gris y repetitivo, otra cosa diferente es cuando llegue la hora de la verdad, intuyo que llega con demasiados minutos de desventaja al puerto final.
Me gusta la sinceridad de Benedito, que fue el único que respondió a la pregunta de a quién votaría y a quién no. No sé si por cuestión estrategia, pero apoyaría a Ingla y nunca a Rosell.
Precisamente Ingla es el que más ha variado con respecto al tono del primer debate. Se olvidó de ese carácter impulsivo e impropio de él que ofreció en 'Catalunya Ràdio' y fue más dialogante, más conciliador, tanto que incluso estuvo de acuerdo en algún apartado con Rosell.
A Sandro se le vio con más confianza. Continuando con el símil ciclista, es como aquel líder que ha acumulado suficiente distancia y sabe que tiene suficiente con racionarla para ganar. Ahora se atreve a desarrollar algo más sus ideas, aunque tampoco es que sean excesivamente brillantes.
En un formato de respuestas a 59 segundos, no se les vio nada cómodos, simplemente porque no disponen de capacidad de síntesis. El que peor lo pasó fue Jaume Ferrer, que hasta tuvo que recurrir a una infantil anécdota ("Soy el único que se ha pagado siempre el teléfono, no como a vosotros que os lo pagaba el club). Él fue el perdedor absoluto del segundo asalto.
Volvió a ganar Benedito, Rosell e Ingla se disputaron la segunda posición.