Anunciaron que se había descubierto una línea telefónica en algún recóndito lugar del Camp Nou desde la cual se realizaban llamadas internacionales, con unas cuantas realizadas a Australia. Eso es de lo poco que se supo entonces.
La due dilingence de 2003 se saldó con un pacto. Laporta imputó todas las pérdidas producidas a las ventas de jugadores realizadas por Gaspart en su última temporada. El hotelero tragó, seguramente porque no le quedaba otra, y la junta directiva de Laporta se libró de avalar al año siguiente tras conseguir el cacareado déficit cero.
Esa fue la forma de proceder, después de que Laporta anunciara durante la campaña electoral que pasaría la aspiradora por las moquetas del Camp Nou.
Ahora el panorama es diferente, no hay pacto que valga. A la directiva de Rosell también le interesa engordar la deuda para librarse del aval al año siguiente, lo que supone algo más de 3.000 euros mensuales desde julio de 2010 hasta noviembre de 2011 (algo más de tres millones de euros por cabeza), pero Sandro se la tiene jurada a Jan.
Es, otra vez, un error de formas más que de fondo el que ha cometido la nueva directiva del Barça. Ya ocurrió en el caso de Ibrahimovic, del que se conocieron todos los detalles antes del desenlace final. Ahora con la aparición de los supuestos excesos económicos de Laporta, estamos en el mismo punto, conociendo los detalles extraoficialmente antes que por el club, lo cual puede acarrear una serie de daños colaterales.
El club tendría que frenar esa descontrolada orgía de datos por una cuestión de credibilidad. No me creo que KPMG, la empresa encargada de la due diligence, haya filtrado ni una sola cifra sobre el gasto en jets, relojes, copas o entradas a las finales de la Champions de la anterior directiva y sólo es cuestión de blindar esta información confidencial, de la misma manera que el club lo hace cuando persigue algún fichaje, por ejemplo el de Adriano.
En el trasfondo de la cuestión están los problemas personales entre Jan y Sandro, más que una supuesta trama para debilitar la imagen del político Laporta a poco de la celebración de las elecciones autonómicas.
Me decepcionó que Laporta se encerrara en aquel despacho con Gaspart y salieran tan amigos, me decepcionaría que Sandro no denunciara los excesos cometidos en los últimos siete años, pero que lo hiciera de otra forma.