Resulta extraño aplaudir el compromiso, recalcar la implicación y el esfuerzo. Me resulta incomprensible aplaudir el compromiso y no salir en defensa de tu entrenador cuando está en el centro de la diana de Inda, aunque nos intente hacer creer lo contrario.

No acabo de entender el motivo por el cual después de los comprensibles excesos verbales en la campaña y de las entrevistas pactadas en los primeros días de mandato, hayamos pasado al 'mute on' como modo de vida, con dos portavoces que aportan muy poco al discurso barcelonista, como son Andoni Zubizarreta y Toni Freixa.

Pensaréis que ni cien días de gracia. No es eso, Sandro Rosell estuvo, se fue y ha estado permanentemente en el subconsciente colectivo del barcelonismo desde 2003, no es nuevo en esta plaza y por lo tanto no se le puede medir con la misma vara que a un presidente novel, aunque lo sea.

No me gustaban los excesos verbales de Laporta, que estaba siempre a la que saltaba y encendía demasiadas veces a las masas, pero sí cuando aparecía como escudo del entrenador o de la entidad ante determinados ataques sin sentido, siempre procedentes de la misma dirección.

Ha advertido Rosell que no tiene pensado pronunciarse en público hasta navidades. Estamos a finales de septiembre, y la carpeta de agravios está rebosante, a este paso llegado el mes de diciembre, igual ni recordaremos lo ocurrido ¿o es que se trata de eso?