Primero anuncia que cierra el grifo de los socios y que a partir de ya, sólo familiares de primer y segundo grado de socios, menores de 14 años y ex socios podrán formar parte de la gran familia culé con carné.
Después, aparece Joan Laporta y ofrece una versión diferente a la de los 77 millones de pérdidas. Decididamente no ha sido un buen día para Sandro Rosell, quien afronta su primer gran momento complicado desde que llegó al cargo.
No podía ser que Laporta asumiera, como Joan Gaspart en su día, unas cuentas infladas y menos ahora que está en juego su prestigio profesional, el de político y también el de su equipo directivo.
Y es que en junio de 2003 Gaspart tragó con aquellas pérdidas de las que nadie le pidió responsabilidad alguna (63,8 millones) y que después, como por arte de birlibirloque, quedaron enjugadas y convertidas en beneficios por el imperativo del aval.
Ahora las cosas parecen similares, con una gran diferencia. Laporta no se va a comer ningún sapo y ha pasado al ataque.
Lo que no puede ser es que entre unas cuentas y otras, la diferencia sea de 90 millones, ni tampoco que entre un auditor y otro, existan criterios tan dispares.
Por cierto, interesante guiño de Sala i Martín al auditorio, al recordar que la todopoderosa compañía de auditoría Arthur Andersen estuvo involucrada en el turbio asunto Enron, en España Deloitte absorbió a los asesores fiscales de la citada empresa madre. Deloitte es quien ha auditado la reformulación de las cuentas del Barça.
Evidentemente, hay muchas maneras de cuadrar un balance contable, pero siempre pensé que el orden de los factores no tendría que alterar el producto, hasta que se ha demostrado hoy.
Esta podría ser una historia de salvedades e incertidumbres contables, pero es una historia de odios, con trasfondo político e intervención de la caverna mediática, según la teoría conspiratoria de Laporta.
En cualquier caso, Rosell no ha actuado con la transparencia que le suponíamos. Ha quedado claro que la venta de Chigrinskyi no se debió a una cuestión económica y que la filtración de la 'Due Diligence' ha servido para crear un estado de opinión contrario a la anterior junta.
Ha errado el tiro y llegado a este momento, tendría que mostrar las miserias de la anterior junta para ser creíble, porque si no, quedaría en entredicho la transparencia que tanto ha vendido.
En todo caso, la asamblea va ganando importancia con el paso de los días. ¿Solicitará el equipo de Rosell judicializar a la directiva de Joan Laporta? En la respuesta está parte del futuro que espera al barcelonismo en los próximos años.