Hace muchos, muchos años, la sala de prensa del estadio era un lugar abierto, de encuentro. Recuerdo que había periodistas que prácticamente vivían bajo la piel del Camp Nou, donde se relacionaban con empleados, futbolistas, utilleros y hasta con directivos quienes, a falta de móviles, te daban su número del despacho y el nombre de la secretaria-filtro de turno.
No existía internet, los comunicados (cuando había) te llegaban por mensajero y cuando evolucionaron los tiempos, vía fax, pero había que tener cuidado, porque aquel papel térmico era tan delicado que tenías que hacer una fotocopia de inmediato, porque se iba destintando y te quedabas sin texto.
Pinchábamos los teléfonos públicos instalados junto a la sala de prensa para enviar las crónicas con aquella vetusta Toshiba que nos había regalado el COOB 92 y teníamos libertad de movimientos.
Todo se torció con la llegada de Louis van Gaal y esa agria relación con los periodistas. El tipo le echó la bronca durante un entrenamiento a Oscar García Junyent, las teles lo grabaron y a partir de entonces se prohibió la entrada de los medios a las sesiones.
Ah! también se instaló un muro en La Masía. Recuerdo que se recogieron firmas contra la decisión de Van Gaal entre los colegas periodistas y se llegó a celebrar una presentación de un fichaje, Dani García Lara, en la sede del diario Sport.
Ha pasado mucho tiempo, pero no tantos entrenadores, y el trabajo periodístico en el Camp Nou Can Barça cada vez resulta más complicado. Se nos aleja de la zona de entrenamientos en la ciudad deportiva, deben entrar por un acceso diferente al principal, con el único objetivo de que no puedan presenciar lo que se cuece entre bambalinas, como aquella reunión que mantuvieron Pep e Ibra el primer día de la pretemporada en presencia de todos los medios.
Ayer, Sònia Gelmà denunciaba en su twitter que a unos cuantos periodistas les invitaron a abandonar el bar del pabellón de la ciudad deportiva, porque "desde allí se puede ver el coche de Eto'o", que estaba en las instalaciones del club.

Total, un cúmulo de despropósitos, aunque eso sí, después tenemos los santos bemoles de revestir todas las decisiones con una pátina de transparencia y bautizamos la sala de prensa con el nombre de Ricard Maxenchs.

En la foto, capturada de un vídeo del C33, Maxenchs departe con Cruyff y los periodistas en la antigua sala de prensa del Camp Nou,