
Dicen que en España "de fútbol, política y medicina, todo el mundo opina". Él llego a Madrid, procedente de Palma, para ofrecer lecciones, de fútbol, de política, de medicina, de españolismo y de lo que terciara.
Dicen que llegó apadrinado por Pedro J. Ramírez, quien estaba muy satisfecho por la labor de socorrista realizada en su piscina, pero otros me contaron que alejarlo de la isla fue una recomendación expresa del PP, porque el personaje ya estaba resultando molesto y que era más fácilmente controlable desde Madrid y por eso le dieron un juguetito a su medida, un periódico en el que pudiera sentirse importante y dar lecciones de amarillismo y sensacionalismo sin herir tantas sensibilidades, pero se equivocaron.
Estuvo al frente de El Mundo de Baleares cinco años, en Marca ha durado uno menos, cuatro. Ahora observaremos como Veo7 se convierte en icono sensacionalmente amarillo. ¿Tres? ¿Cuatro años?
No sólo ha dejado impronta en Marca, sino que ha durante este tiempo ha dejado tantas perlas sobre lo que no es periodismo, que las facultades lo pondrán como modelo cuando tengan que hablar sobre ética periodística.
Puso contra la diana a Guardiola y a Laporta, justificó todas las victorias del Barça en los arbitrajes, jugó a presidente del Madrid con el caso Pellegrini y bendijo a Mourinho, se rindió a Mou, a quien le ha hecho el juego desde el primer minuto, y también a Florentino.
En el fondo, ese servil proceder no le ha servido para mucho. Marca está señalado y el periodismo deportivo, después del último caso de la cadena Cope, anda moribundo. No necesitamos advenedizos ni visionarios, personajes que podía incitar a la violencia, que generaban continuamente dudas, sino buenas historias, bien escritas, un periodismo valiente y ecuánime. Su adiós es un alivio.
Montaje que hace referencia a una de las portadas míticas de Marca sobre el despido de Pellegrini.



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