
En unos pocos meses, le ha dado la vuelta al calcetín. Lo que antes eran dudas y falta de decisión se ha convertido en acción. Acción y reacción. Sandro Rosell se ha dado cuenta de que tenía que volver a ser el tipo resolutivo que todos conocíamos y olvidarse de ser tan políticamente correcto. Ha vuelto a ser aquel tipo que un día advirtió a sus compañeros de la junta de Laporta que no se podía ir con "el cirio en la mano" y, con buenas formas, está reconduciendo la situación.
Los dos últimos casos demuestran el cambio de actitud. Si un sector del barcelonismo le pidió más contundencia en la defensa de Pep Guardiola cuando arreciaban las críticas desde Madrid, ahora Rosell no ha tenido dudas en cómo afrontar el caso de la Cope y ha estado brillante en la renovación de Dani Alves.
Ante el mínimo asomo de duda con el 'doping gate', el Barcelona ha actuado como debía hacerlo y, de paso, ha puesto en el disparadero al Real Madrid. Quien calla otorga.
Y en el caso de la renovación de Alves, ha aparecido el Rosell directivo de Nike, el tipo con recursos suficientes para superar una situación complicada. Un encuentro entre el presidente y el jugador desencalló el acuerdo. Alves ha firmado por el Barça con Adidas y con Big Cola. El Barça ha recuperado una manera de hacer las cosas sin moverse ni un milímetro de su planteamiento inicial y Dinora, la mujer de Alves, ha conseguido lo que perseguía: continuar en Barcelona. Una jugada perfecta.



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