En marzo de 2010 recibí un diagnóstico tan esperado como desesperanzador: me fue detectado un carcinoma pancreático, con metástasis en hígado y pulmones. Era la confirmación de las sospechas tras un largo año de decadencia física, dolores e incapacidad para trabajar con la calidad o la constancia que debe exigirse a cualquier periodista merecedor del calificativo 'veterano'.

La estadística es contundente: la supervivencia a esta enfermedad en los cuatro años siguientes al diagnóstico es inferior al cinco por ciento; la mayoría de pacientes muere antes de doce meses....

Así empieza Carles Canals su relato en el blog "Con los pies por delante". La historia de una despedida que conoció en marzo de 2010 y empezó a escribir a partir del 27 de diciembre del año pasado. Explica que cuando conoció el diagnóstico miró a su familia, reunida en la habitación, y entonces supo lo que le esperaba: "Me resultará más arduo bregar con su angustia que con mi propia desazón".

El 19 de marzó publicó un texto titulado: "La magia y la generosidad" en el que finalizaba: "La magia existe, pero no es más que el gesto con el que damos la bienvenida a alguien en nuestras vidas, la expresión de un buen deseo, una demostración de afecto desprendido".

En un ejercicio de vitalismo supremo, Canals insistía en que no iba a dejar que la muerte le amargara la vida, le quedara el tiempo que le quedara, y avisaba a los lectores de su blog que en el mismo no iban a encontrar un verbo morboso, "ni tampoco exhibir con impudor el sufrimiento, ni callar o recurrir a eufemismos para contar esta historieta", que no es más que "una de tantas que se oyen por ahí".

La historia la he conocido a través de Daniel Álvarez, un tipo con el que pasé unas cuantas horas de espera en las tripas del Camp Nou y con el que cada verano hacemos un propósito de vernos en Palma. De este año no pasa, gracias Dani.

Carles Canals, de 46 años, falleció el pasado 31 de marzo.

Novocaine for the soul- Eels