No le ha referido ni la mano de Stankovic (en la liguilla del año pasado, arbitraba Stark, por cierto), ni el clamoroso penalti de Sneijder a Alves en la ida de semifinales, ni el fuera de juego de Milito en ese mismo partido que dirigió Benquerença, por cierto.
Tampoco le ha hecho falta recordar el penalti de Casillas a Villa, ni el que se inventó Muñiz Fernández.
Mou le ha recordado el escándalo de Stamford Bridge, donde por cierto José ya no estaba -el entrenador era Hiddink-, pero al portugués nadie le saca los colores con aquel gol marcado por John Terry que clasificó a su equipo en una acción en la que Carvalho agarró a Valdés.
Le gusta el teatro, el que según él echó Messi en aquella entrada de Del Horno, y se sintió agraviado por la expulsión de Motta, aunque no quiera recordar que en aquel partido al Barça le anularon un gol, el que le daba el pase a la final de la Champions, en el último minuto del partido.
Tampoco Pep le ha recordado la manera en la que ha aleccionado a sus futbolistas para protestar e intimidar al árbitro y al rival y conseguir ganar, ganar y que futbolistas como Arbeloa y Pepe se vayan de rositas.
Mou es el puto amo, sólo un tipo así, que dirige a un equipo que juega poco a fútbol y que es capaz de cambiar la realidad a base de invenciones, puede ser un referente. De la central lechera y de Alberto, hablamos otro día. Pep ha demostrado lo fácil que es hacer de Mou.