Todo fue llegar al equipo Vokkaliga Swamy Vinaya y que el equipo creciera en su juego, ganara confianza y se disparara en la competición. El indio, delantero internacional por su país, fue la pieza fundamental para el ascenso de un equipo que militaba en la división de honor B y que el año que viene iba a jugar entre los mejores.
Pero no, la inversión no habrá servido para nada, porque el equipo de hockey hierba, como el de otras tantas secciones no profesionales del club, jugará únicamente competición locales para abandonar la elite para rebajar los gastos.
Es la sorprendente decisión de la junta directiva de Sandro Rosell, quien ha tirado por tierra el concepto polideportivo de la entidad para dejarlo todo en la mínima expresión, y eso cuando no se ha cumplido ni un año de su llegada a la presidencia.
Con la base de que todo se debe a los excesos de la anterior junta directiva y a la necesidad de enjugar un déficit creciente, el equipo de Rosell decide sin tener en cuenta los sentimientos.
Nada más acabar la directiva anunció que los socios que quisieran ver la Supercopa ante el Real Madrid tendrían que pagar, ahora anuncian un recorte de cinco puntos y progresivamente del presupuesto de las secciones en el próximo quinquenio, la desaparición de alguna sección y que las no profesionales únicamente se circunscriban al ámbito local.
Todo ello por sorpresa y sin debate. Como el anuncio de la creación de un grupo de animación compuesto por 1.400 aficionados que no hace falta que sean socios para estar cada domingo en el Camp Nou, cuando paralelamente la junta de Rosell se dio un barniz democrático publicando las listas de espera para obtener un asiento en el estadio.
Los aficionados pueden entender, o no, el aumento del cincuenta por ciento del precio de los aparcamientos en el interior del Camp Nou, -hablamos de un producto de lujo- pero les cuesta comprender que con la inyección de dinero procedente de la Fundación Catar, lo obtenido en premios por la consecución de la Champions, el cobro del nuevo plazo por la venta de Ibra o el traspaso de Martín Cáceres, no haya suficiente.
Suprimir de un plumazo una sección y dejar en la mínima expresión a otras muchas es acabar con una parte de barcelonismo militante, es poner coto al lema 'Mes que un club', y más cuando todo se ha decidido unilateralmente, sin ningún debate previo.
El barcelonismo de Rosell camina entre la repulsa del pasado inmediato (Laporta) y el abrazo al referente nuñista en un gesto que confunde a los culés. Se siente el equipo directivo reforzado, no por su actuación, sino por los éxitos del equipo de Guardiola y con nuevos títulos que mostrar, el rosellismo se siente reforzado para tomar unas decisiones que nunca estuvieron ni en su programa electoral. ¿Cuál será la siguiente?
Vokkaliga Swamy Vinaya no entiende nada. Conseguido el ascenso, el indio debería estar contento, pero anda desorientado. 'Mes que un club'? Yo tampoco comprendo nada.