Dice Miguel Rico que sólo el Barça es capaz de debatir la conveniencia de un patrocinio de 165 millones de euros en cinco años. Habla del revuelo que se ha montado con el reportaje de @jordievole en el último Salvados sobre la 'Qatar Foundation', acá Fundación Catar y de que el dinero "en tiempo de crisis es más perverso que nunca" por lo que "ni uno solo de los medios" se negaría a incluir en su pauta de publicidad una multimillonaria campaña de los qataríes.
Estamos absolutamente de acuerdo en este punto. El debate es otro. La discrepancia se basa en ligar la pervivencia del actual modelo de Barça con la continuidad del patrocinio, tal y como aseguró el presidente del Barça, Sandro Rosell, en una entrevista en 'La Vanguardia'.
Es la oportunidad del momento. Huele que el acuerdo con la Fundación Catar estaba hilvanado antes de la llegada de Rosell y que después las necesidades contables del club han obligado a tomar la decisión más drástica: reducir a testimonial el acuerdo con Unicef y vender (a un magnífico precio) el pecho de la camiseta del mejor equipo del Mundo.
No soy contrario al acuerdo con los qataríes, porque en el fútbol, además del talento y la suerte, el componente económico es fundamental, sino a las continuas advertencias sobre la llegada del lobo.
¿Es que con un crecimiento superior al diez por ciento anual acaso el Barça está en crisis? Promete la próxima Asamblea de Compromisarios, puede convertirse en una ópera buffa con todos los elementos en juego y hasta con un invitado especial: Joan Laporta.



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