Quim Monzó es un genio. Un tipo con tics por exceso de dopamina que padece TOC. Un hiperactivo que parece que está de vuelta de todo, pero está atento de que nada se le escape. Alguien que hace dieta desayunando bacalao en samfaina (en l'Amadeo c/Entença) y huevos "perfectamente fritos" (en el Chiqui, c/Vilamarí), bebiendo vino e inventándose nombres de jugadores de baloncesto (Ramidzic que juega en los Blounters), mientras trasiega, con las neuronas ya perdidas, un escocés de los de verdad.

Alguien que se agobia porque no sabe de qué escribir, que no soporta que un somier chirríe y por eso compra una cama nueva, un tipo que teclea (con un sólo dedo) en un portátil (para cuadrar los textos de La Vanguardia) mientras navega y tuitea por otro, equipado con uno de esos auriculares de los que utilizan los operadores de martillos neumáticos para aislarse de su mundo.

Quim Monzó es de esos tipos a los que todo el mundo cree conocer, por todo lo que has leído de él, y que te sorprende porque no es como te lo imaginas, es como aquella voz de la radio a la que has puesto una cara para después sorprenderte por la apariencia real.

Me encanta 'El convidat' y la pose de Albert Om ante las situaciones. Siempre deja hacer a sus invitados, que en realidad son sus anfitriones, pero hoy se le ha visto un poco más tenso, al mostrarse incapaz de anticiparse a las reacciones de Monzó.

Y es que como un genio que es, Quim Monzó es de los tipos a los que le molesta hablar por hablar o compartir un plato. Monzó es así, lo tomas o lo dejas. En la última escena de 'El Convidat' de hoy ha dejado una perla y ha propuesto que en el último programa, Om sea el anfitrión. ¿Le comprarán esa magistral idea?

We're not supossed to be lovers - Adam Green