Cuando José Luis Nuñez, después Josep Lluis Núñez, llegó a las oficinas de Arístides Maillol s/n dice que encontró telarañas en la caja fuerte. Cuando se fue, dejó un club perfectamente saneado, que casi se vino a tierra por las veleidades de Joan Gaspart y después no se pudo rehacer pese a la fórmula mágica que estaba escondida en el sobre de Enric Reyna.
Cuando llegó Joan Laporta, los socios aceptaron (427 votos a favor, 69 en contra y 12 en blanco) cerrar el ejercicio anterior con unas pérdidas de 72 millones de euros.
Con Núñez, antagónico a Laporta, el Barça dio un impresionante salto hacia adelante, sobre todo en lo económico, donde puso las bases de lo que vendría después.
Con Laporta, en las antípodas de Núñez, el Barça se convirtió en el club de la excelencia, en el equipo de referencia, una máquina de jugar y de ganar títulos.
Laporta fue combativo con Núñez, entre otras muchas cosas porque Núñez había echado del club de mala manera a Johan Cruyff, uno de los referentes de Jan.
Rosell, miembro de una de las familias que forma parte de la eufemísticamente denominada 'sociedad civil catalana' es hijo de Jaume Rosell, uno de los fundadores de Convergència y en que el Barça fue gerente en la directiva de Montal.
Cuando Laporta ganó las elecciones en 2003 y llevaba en su equipo, entre otros, a Sandro Rosell, parecía que el círculo se había cerrado y habían entrado en contacto diferentes maneras de ver el barcelonismo.
Laporta es proCruyff, Rosell nunca ha visto con malos ojos la figura de Núñez, por aquello de la representatividad de la sociedad civil catalana y las cuotas de poder. Así que en el momento que Cruyff se convirtió en el asesor deportivo externo de Jan, en un área que era competencia absoluta de Sandro, empezaron unos problemas que nunca han acabado.
Después llegó Guardiola, el sorprendente sustituto de Rijkaard. Pep estaba en el equipo perdedor de las elecciones de 2003 (con Bassat), pero rehizo su carrera deportiva como entrenador.
Guardiola se retiró con Gaspart como presidente, pero tampoco tenía como referencia a Núñez, que le renovó su contrato en 1997 (el club acababa de perder a Ronaldo y las elecciones estaban cerca). A Guardiola en aquella época le tacharon de pesetero.
Cuando Rosell llegó al cargo, dijo que la caja estaba tan vacía que tuvo que vender a un jugador (Dmitro Chigrinskyi) para pagar las nóminas del resto. La situación económica era tal que instó a los socios a ratificar una acción de responsabilidad social contra Laporta.
Los socios, como hacen todos los socios en las asambleas de compromisarios, le dieron la razón al presidente de turno, a Núñez, a Laporta y a Rosell.
Nada nuevo hasta que hace un par de días aparece en escena un nuevo elemento: Guardiola. Pep no es el entrenador, sino el gurú del barcelonismo. En realidad es la cabeza pensante de una Cataluña que vive pendiente de los recortes, es tal su ascendencia que hace pocos días le encumbraron en un solemne acto en el Parlament de Catalunya.
Así que Pep es quien ilumina el fútbol del Barça y mucho más. Si Pep insinúa que ha llegado el momento de cerrar heridas entre Laporta y Rosell, es que al menos el debate tiene que instalarse en el barcelonismo.
Pep comió el jueves con Laporta y conoció de primera mano que a finales de semana, el expresidente y un grupo de exdirectivos tienen que avalar casi tres millones de euros por una demanda interpuesta por un socio (Vicenç Pla) contra la junta de Laporta (la que ganó las elecciones de 2006) por unas pérdidas heredadas en el último mandato de Gaspart (2003).
La directiva de Rosell cree que Pep está confundido y ha equivocado esta demanda con la acción de responsabilidad social aprobada por la Asamblea el año pasado. Puede ser, nada tienen que ver una con la otra.
En cualquiera de los casos, el escenario es complicado. Si los socios aprobaron la acción de responsabilidad social contra Laporta, sólo la Asamblea puede revocar la decisión, no hay otra.
Mientras tanto, a nadie se le escapa que Guardiola juega a golf con Cruyff, come con Laporta y que Pep renueva año a año su compromiso con el Barça.
No quiero ni imaginar cómo se puede utilizar toda esta munición desde Madrid con el paso de los meses, mientras en cada rueda de prensa se le va preguntando a Pep sobre su futuro. Mejor ni pensarlo ¿verdad?